Casi veinte días antes de un seis de marzo, entre carcajadas, pisotones y cosquillas intentabamos el giro perfecto. El día del suceso nos falló pero pesaba mas el brillo de luna en tus ojos y tu cuerpo cálido reclamando el mío, olvidamos el giro. Uno improvisado ondeando mi vestido blanco y brillante al compás de los violines, dejaba alucinarse a todos en las nubes, todos parecían girar, con aplausos, risas y recuerdo bien el grito de júbilo del mismo grupo escandaloso de mi herencia, el de siempre. Vuelvo con las notas a mi castillo del aire, mi salón real donde yo princesa sólo necesitaba el aire y amarte, concluiste nuestro vals aferrandote a mi cuerpo y sólo necesitando el aire, suspiraste.
viernes, 30 de mayo de 2008
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